Un rottweiler cabrón

Mira,

Si algo tiene de bonito la vida, es que todos la vemos de un color diferente, y eso depende de con qué color de gafas veas la vida.

Y de qué depende el color que elijas de gafas? Pues de un montón de condicionamientos que te hayas comido desde pequeño.

Por ejemplo, en mi casa, cuando era pequeña los perros eran pues eso, “mascotas” o sea, cosas que servían para algo, (no hemos avanzado tanto 45 años más tarde…) para vigilar la casa por ejemplo, y cuando molestaban, pues se ataban y listo.

A mí aquello ya, con 8 años, me parecía una aberración, esto es  cómo si cuando te molesta el hijo del vecino, lo atas a un árbol… (que ganas daban, pero habríamos acabado en el cuartelillo y tampoco era el caso…)

A mí, me daban ganas de ir a robarle los calabacines del huerto a la vecina, pero me contenía que iba a escuela de pago y no era de buen ver…

O sea, que lo que te hayan contado toda la vida sobre lo que está bien o mal desde pequeño, te va a condicionar en la relación que tengas con tu pareja, con tu perro y con los calabacines.

Bueno, pues, a mi me flipa la gente con la manera de entender la relación con su perro, que se sorprende cuando les gruñe un rottweiler porque le han metido la mano en su comida y le retiran el plato “para que se acostumbre y sepa quien manda” o cuando lo sostienen entre las piernas para inmovilizarlo porque necesitan que se esté quieto por algo, no te digo cuando está durmiendo y al melón del niño le da porque ahora quiere un abrazo y se tiene que aguantar porque  le apetece…

Luego el perro se mete la cabeza del niño en la boca y se asustan.

Lo raro es que queden niños con cabeza por la calle, y padres con piernas.

Padres con cabeza, ya es más difícil de encontrar…

Esto es como si en medio de una siesta de resaca, cuando estás soñando con que estás en Bali con un tío de dos metros en la playa, te despierta el hijo del vecino para jugar a pelota de un berrido…

Vamos, que te lo comes vivo.

Y no creo que te llevasen al cuartelillo porque todos lo entenderían. Al menos eso espero.

Pues con tu perro ¡ES LO MISMO!

Si entendieras su idioma, sabrías cuando se está preocupando con tu tono de voz, con tus gestos o con lo que haces o le obligas a hacer. 

Y de aquí a un gruñido o una marcada que no es más que un ¡Basta ya! hay un paso.

¿Y por qué la gente tiene derecho a enfadarse cuando no se respeta su espacio y un perro no?

Pues porque los siguen viendo cómo a cosas.

Cuando los perros empiecen a sentirse escuchados y respetados y la gente entienda que no entienden  lo que hacemos, ni mucho menos nuestras palabras, empezaremos a tener armonía y calma en nuestras vidas con ellos.

Para los que quieran entender de una vez, cómo llevarse bien con su perro para que no se harte y le arranque la cabeza…

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