Mira,
Te voy a contar una historia que me pasó cuando era pequeña, muy pequeña, pero que me quedó grabada a fuego.
Cuando tenía 5 años conocí a Tula, una cachorro de Teckel de 4 meses que había venido a
vivir a casa de mis vecinos.
No tendría nada de especial ir a visitarla, si no fuera porque me había desgañitado pidiendo
a mis padres que adoptásemos un perro desde que pude hablar, habiéndose convertido
aquello en misión imposible.
Así que para que me callara, me llevaron a conocer a Tula.
Lo que no se imaginaron fue el terremoto de emociones que aquella visita provocó en mí.
Porque pude sentir absolutamente las emociones de aquella perra como si las estuviese
sintiendo en mi propio cuerpo.
Fue tan raro, que después de más de 45 años sigo recordándolo.
Y su necesidad de que pudiese traducir a su familia humana cómo se sentía más.
Recuerdo sentir la sensación de reencuentro con alguien a quien hacía muchísimo tiempo que no veía.
Más allá incluso,
como si fuera la última persona del planeta viva y nos acabásemos de encontrar los dos
últimos supervivientes.
Si ya es raro que te pase algo así de adulto, imagínate mi sorpresa con cinco años…
Me alegré tanto de encontrarla que cuando me dí cuenta, de que esa emoción no me la
despertaba únicamente ella, si no, toda la especie canina en general, es decir cualquier
perro con el que me cruzara en la calle, dejé de sentirme sola para siempre.
Fue por ello que acabé dedicándome a esto de traducir el idioma de los perros y a
explicar cómo entender sus emociones, para evitar que surjan problemas de convivencia.
En fin, cómo conseguir que los perros vivan en calma, y de paso sus familias .
Si te interesa te lo explico, si no, no.
Para los que quieran entender a su perro más allá de dejar que se desgañite ladrando para
ver si se acostumbra a ver perros, personas o coches, sin que le dé un infarto,
igual esto te sirve.
SERVICIOS DE EDUCACIÓN CANINA BASADOS EN EL EQUILIBRIO EMOCIONAL